Suiza, 2005: Carta de Marco Camenisch para el entierro de su madre

Querida madre:

En nuestra última y más linda visita en la cárcel, decidimos que yo no intentaría visitarte cuando estuvieras a punto de morir y en tu entierro, para ahorrar a todas nosotras y nosotros la previsible demostración de prepotencia y paranoia estatal.

Ya moribunda, tu deseo era el de visitarme una vez más para despedirte. Cuando el Servicio Social me llamó para hablar de tu deseo, entre las varias enfatizaciones de su magnanimidad en materia de visitas, la empleada -sin recibir ningún pedido y con mucho espíritu- me comunicó que ellos no podían permitirme asistir al entierro por peligro de huida. Sería evidente el riesgo de la llegada de 150 autónomos para liberarme.

Te lo cuento porque deseo que entiendas por qué no estoy, y muy probablemente no hubiera podido, estar aquí.

Tu deseo era también el de que no estuviésemos tristes cuando te mueras. Naturalmente estamos tristes. Porque nos haces falta, nos hace falta la manera en que siempre estabas presente para nosotros y con nosotros, tu manera de estar aquí para nosotros y con nosotros pasando por cualquier tipo de alegría, aflicción y lucha.

Querida Annaberta, querida madre, querida compañera de lucha para un mundo justo y libre: tu fuerza, tu amor, son para nosotros un ejemplo luminoso y son más poderosos que cualquier sufrimiento, eran más poderosos que todo el gran sufrimiento que viviste.

Nos haces falta. A ti y a mí me hace falta la despedida. Falta mi presencia ahora y en este lugar. Pero también aquí en la cárcel, donde todo es todavía un poco más difícil, cuando pienso en ti y te hablo me ofreces un sentido de infinita ternura y serenidad que es más fuerte que cualquier tristeza y dolor.

A todos los parientes, a las amigas y a los amigos, a los compañeros y a las compañeras quiero expresar mi más profunda gratitud por cómo han compartido con nuestra madre y con nosotros alegrías, luchas, penas y sufrimientos, por cómo le han brindado su apoyo a ella y a nosotros. ¡Gracias!

Annaberta, tienes razón: no tendríamos que estar durante más tiempo tristes. Los pensamientos, los sentimientos y el amor son mucho más poderosos y vastos que la muerte y los muros. El coraje, la fuerza y el amor que nos ofreciste, no puede morir, y este don tuyo no se acabará nunca.

¡Querida madre, querida compañera Annaberta: tú estás aquí, siempre, insustituible, en nuestros corazones, en nuestras vidas y en nuestras luchas!

¡Gracias! Te respetamos. Te amamos.

Tuyo, Marco.
En Regensdorf, el 17 de mayo de 2005.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s