Suiza, 2005: Carta de Marco Camenisch para el entierro de su madre

Querida madre:

En nuestra última y más linda visita en la cárcel, decidimos que yo no intentaría visitarte cuando estuvieras a punto de morir y en tu entierro, para ahorrar a todas nosotras y nosotros la previsible demostración de prepotencia y paranoia estatal.

Ya moribunda, tu deseo era el de visitarme una vez más para despedirte. Cuando el Servicio Social me llamó para hablar de tu deseo, entre las varias enfatizaciones de su magnanimidad en materia de visitas, la empleada -sin recibir ningún pedido y con mucho espíritu- me comunicó que ellos no podían permitirme asistir al entierro por peligro de huida. Sería evidente el riesgo de la llegada de 150 autónomos para liberarme.

Te lo cuento porque deseo que entiendas por qué no estoy, y muy probablemente no hubiera podido, estar aquí. Sigue leyendo

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