Chile, 2002: Marco Ariel Antonioletti, un crimen impune

Fotografía de Marco Ariel Antonioletti, rescatada y entregada a su madre por el prisionero político Marcelo Villarroel Sepúlveda

Fotografía de Marco Ariel Antonioletti, rescatada y entregada a su madre por el prisionero político Marcelo Villarroel Sepúlveda

«… y pase lo que pase, quedemos como quedemos, después de todas las mochas que demos al enemigo, volveremos a estar juntos y felices. Siempre más grandes, ya que somos patria o muerte y eso, en nuestra vida, es indudablemente patria, y no sólo eso, también popular…»

Marco Ariel Antonioletti

En marzo de 1990, se inició en Chile el llamado “proceso de transición”, como lo bautizaron los ideólogos de la Concertación. En el Congreso Nacional, el general Augusto Pinochet, tras 17 años de su dictadura militar, hizo entrega del gobierno a Patricio Aylwin, primer presidente civil electo de la Concertación. En las cárceles, alrededor de quinientos presos políticos enfrentaban un destino incierto, lo que llevó a medio centenar a realizar una espectacular fuga, en enero de 1990.

Ocho meses después del cambio de gobierno, al mediodía del 14 de noviembre, las Fuerzas Rebeldes y Populares Lautaro (FRPL) rescataban desde el Hospital Sótero del Río a Marco Ariel Antonioletti, preso político del Mapu-Lautaro. El operativo de rescate derivó en una intensa balacera, que dejó un trágico saldo de cuatro gendarmes y un carabinero muertos y Marcela Rodríguez, militante del Movimiento Juvenil Lautaro (MJL), recibió un proyectil en la columna, quedando inválida de por vida.

Ariel fue llevado a una vivienda de un piso ubicada en la Villa Japón, en la zona poniente de la capital. Allí vivía con su familia el periodista del Fortín Mapocho Juan Carvajal Trigo, retornado del exilio desde la ex Alemania Oriental. Los compañeros de Ariel nunca imaginaron que lo estaban llevando a una trampa mortal. Entretanto, un vasto operativo policial se desarrollaba en las poblaciones de Santiago. Informado del paradero de Ariel por el propio dueño de la casa en que se ocultaba provisoriamente, Belisario Velasco – a la sazón subsecretario del Interior- ordenó su detención. Pasado el mediodía del 16 de noviembre, la Brigada Investigadora de Asaltos de la Policía de Investigaciones llegó hasta la casa de Carvajal, bloqueando todas las vías de escape. Más allá de las contradictorias versiones sobre la forma en que murió Ariel, es innegable que la aplastante desigualdad de fuerzas permitía detenerlo con vida. Sin embargo, Ariel fue asesinado de un balazo en la frente, probablemente un tiro de gracia. Ninguno de los policías fue herido en la acción, y Carvajal y su familia se encontraba en la casa cuando ocurrieron los hechos. Sigue leyendo