Italia: La estrategia de la tensión

Forado en el pavimento creado por la bomba de Piazza Fontana.

Extraído y ampliado desde
1968: Una revolución mundial.

LA MASACRE DE ESTADO:
PIAZZA FONTANA EN MILÁN

El 12 de diciembre de 1969, a las 16:30 horas, una bomba estalla en la sede de la Banca Nazionale dell’Agricoltura en Piazza Fontana, Milán. Las víctimas mortales son 16 y los heridos 87. Al mismo tiempo, tres bombas explosan en Roma, hiriendo a algunas personas. Las indagaciones de la policíase orientan inmediatamente hacia la extrema izquierda. Se detiene a 82 militantes de izquierda y a 2 de derechas. Entre los primeros figura el trabajador de los ferrocarriles Giuseppe Pinelli (41), un conocido exponente del anaquismo milanés que morirá en circunstancias misteriosas[1].

En el clima exasperado del Otoño Caliente (meses posteriores a julio de 1969), la masacre desencadena una atmósfera de caza de brujas. Durante los funerales de las víctimas, el líder del movimiento estudiantil milanés, Mario Capanna, es agredido por la muchedumbre y salvado a duras penas por la policía. En la misma tarde, es detenido el bailarín anarquista Pietro Valpreda (36), acusado por un taxista, Cornelio Rolandi, que afirma haberlo llevado a las cercanías del banco el día de la masacre. Valpreda es uno de los fundadores del Circolo Anarchico 22 Marzo (22 de marzo es el inicio del Mayo Francés), nacido como una escisión del Circolo Bakunin. Quien provocó la escisión fue Mario Merlino (25), otro de los fundadores del Circolo Anarchico 22 Marzo, acusado también de la masacre.

Una contrainvestigación llevada a cabo por los militantes de la izquierda extraparlamentaria demostrará que Merlino era un infiltrado neofascista de Avanguardia Nazionale. Los resultados de la contrainvestigación, publicados en el volumen La strage di Stato (“La masacre de Estado”) por los autores Eduardo M. Di Giovanni, Marco Ligini y Edgardo Pellegrini, sacará a la luz la estrategia de infiltración en la izquierda llevada a cabo por algunos exponentes de la derecha extraparlamentaria italiana, entre los cuales se cuenta Stefano delle Chiaie (33), colaborador de la policía y fundador de Avanguardia Nazionale, y por las altas esferas de la policía secreta griega. En el viaje a Grecia, en abril de 1968, en el que se decidió la infiltración, también participó Merlino.

Ante las numerosas dudas que surgen con la contrainvestigación, responde el Juzgado de Treviso, que decide llevar a cabo una investigación paralela a la del Juzgado de Milán. Un año y medio después de la masacre, salen a la luz los nombres de Franco Freda (28), editor nazi de Padua ligado a Ordine Nuovo, y el de Giovanni Ventura (25), un neofascista ligado a Freda. La investigación de Treviso implica también a Guido Giannettini (39), periodista y agente de la policía secreta ligado a la extrema derecha, experto en tácticas de contra-guerrilla. Ante las peticiones de información sobre la figura y el papel de Giannettini, los servicios secretos siempre esgrimirán el “secreto militar”.

El juicio contra Valpedra se inicia en 1972 en Roma, pero se traslada inmediatamente a Milán y, desde allí, por motivos de orden público, a Catanzaro. El proceso de Catanzaro, en 1974, es suspendido treinta días después por la implicación de nuevos imputados (Freda y Ventura).

El tercer juicio, que ve a anarquistas y fascistas como co-imputados, se inicia en enero de 1975, pero es suspendido un año después por la implicación de un nuevo imputado, Giannettini. El enésimo juicio se inicia en 1977 y se concluye con la absolución de los anarquistas y la condena de los neofascistas y de Giannettini. El proceso de apelación se concluye con la absolución de todos, pero, posteriormente, el Tribunal Supremo absuelve a Giannettini y ordena un nuevo juicio para los demás, que se concluirá con la absolución para todos, ratificada por el Tribunal Supremo. Un nuevo proceso contra Delle Chiaie se concluyó, a su vez, en 1991, con la absolución definitiva. Las indagaciones aún siguen en curso.

En el documento “Memoriale Moro”, una compilación del interrogatorio al que Aldo Moro fue sometido por las Brigate Rosse en 1978 (disponible aquí y acá), Moro indicó como probables responsables por el atentado a ramificaciones del Servizio Informazioni Difesa (servicio secreto italiano 1966-1977), donde estarían infiltradas varias figuras ligadas a la derecha, con posibles influencias de elementos externos a Italia.

LA ESTRATEGIA DE LA TENSIÓN

La masacre de Piazza Fontana, el 12 de diciembre de 1969, inaugura un largo periodo de bombas y atentados. La que será llamada después «estrategia de la tensión», de había iniciado ya, en realidadl, algunos meses antes. A finales de año se habían registrado 312 atentados con explosivos. El episodio más grave, antes del 12 de diciembre, se había producido el 25 de abril, cuando dos bombas habían estallado en el pabellón de la Fiat, en la Feria de Milán, hiriendo a dos personas.

En el origen de la «estrategia de la tensión» se hallan, probablemente, estrechos contactos establecidos inmediatamente después del golpe de Estado de 1967 en Grecia, entre los golpistas de Atenas y los grupos extraparlamentarios de la derecha italiana. Para llegar al Poder, como explican en abril de 1968 los responsables de los servicios secretos griegos a cincuenta neofascistas italianos, los extremistas helénicos han utilizado el arma de la provocación, organizando atentados de manera tal que se culpase a la izquierda.

Tras el regreso a Italia, muchos de los participantes en el viaje a Grecia se infiltran en la extrema izquierda . La estrategia de la tensión prosigue durante toda la década de 1970, ya no con el objetivo de culpar a la izquierda de los atentados, sino con el de exasperar la situación para que fuera inevitable un pronunciamiento autoritario.

Durante los primeros años de la década de 1970, se suceden atentados y bombas. Casi nunca se identifica a los responsables, pero en esos casos se trata siempre de militantes de extrema derecha. El 17 de mayo de 1973, durante el primer aniversario del homicidio del comisario Calabresi[1], Pierangelo Bertoli lanza una bomba entre la muchedumbre que se había reunido frente a la comisaría. Se producen 4 muertos y más de 50 heridos. Bertoli se declara anarquista, pero las indagaciones posteriores revelarán la existencia de estrechas relaciones entre el agresor y los servicios secretos italianos e internacionales.

Plaza de la Loggia, segundos después de la explosión.

El 28 de mayo del año siguiente, en Brescia, estalla un artefacto en la plaza de la Loggia, donde se está realizando una manifestación antifascista: 8 muertos y 94 heridos. Las investigaciones se orientan hacia ambientes neofascistas y, tres años después, conducen a la detención de un grupo de jóvenes de extrema derecha. Dos de éstos, Angiolino Papa y Ermanno Buzzi, serán condenados en 1979. Buzzi será estrangulado en la cárcel dos años después por dos masacradores de derecha Pierluigi Concutelli (37) y Mario Tuti (35), mientras esperaba el resultado de la apelación del caso, que finalmente favorecerá a Angiolino Papa. El Tribunal Supremo confirmará esta sentencia. El proceso de tercera instructoría aún sigue desarrollándose contra miembros de Ordine Nuovo, con una apelación presentada en julio de 2015.

Después de seis procesos, la masacre de Brescia continúa sin conocer a los culpables. El 4 de agosto de 1974, una nueva bomba revienta en el tren Italicus, matando a 12 personas. En enero de 1975, la policía se presenta en la casa del agrimensor oriundo de Empoli, Mario Tuti (29), simpatizante de la derecha extraparlamentaria y sospechoso de la masacre del Italicus. Tuti abre fuego, matando a dos agentes e hiriendo gravemente a otro. Será detenido algunos meses después en Francia, tras un tiroteo. Cinco meses después, Tuti será absuelto de la acusación de la masacre de agosto de 1974.

La última bomba estalla en agosto de 1980, en la estación de tren de Bolonia y provoca la masacre más sangrienta: 85 muertos —de entre 7 y 86 años— y más de 200 heridos. Después de ocho años y siete juicios, con una sentencia que da lugar a numerosas dudas, serán condenados Valerio Fioravanti (30) y Francesa Mambro (29), líderes de los Nuclei Armati Rivoluzionari, una banda terrorista de extrema derecha, sanguinaria y responsable de numerosos homicidios, que no tenía absolutamente ninguna relación con los servicios secretos. Fioravanti y Mambro —condenadados a 134 y 84 años respectivamente— nunca dejaron de declararse inocentes por la masacre de Bolonia y su condena no es suficiente para poner en claro las verdaderas responsabilidades de la masacre.

Ala oeste de la estación de Bolonia, totalmente derrumbada tras la explosión de la bomba que causó la masacre.

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Nota

[1]: Pino, como era llamado por sus compañeros, salió despedido por la ventana de la comisaría de Milán durante uno de los interrogatorios realizados bajo la responsabilidad del comisario Luigi Calabresi, muriendo en el acto. La versión oficial fue “suicidio”, pero ésta queda desmentida por numerosas evidencias y contradicciones.

El 17 de mayo de 1972, el Calabresi será ajusticiado en plena calle por dos hombres. Un acto justiciero que recogía evidentemente todas las tensiones expresadas en las manifestaciones y campañas contra Calabresi. «Calabresi, fascista, eres el primero en la lista»; «Calabresi verdugo»; «Calabresi serás suicidado»: durante aquellos días habían desfilado por las calles de Milán, pidiendo la cabeza del comisario, decenas de millares de jóvenes del movimiento anarquista, de Lotta Continua, Potere Operaio y de todos los diversos grupos extraparlamentarios.

Hubieron militantes de la incipiente guerrilla urbana que intentaron indagar qué grupo había realizado la acción, con la finalidad de estrechar lazos entre los distintos grupos armados. Trataron de recoger información en los ambientes de Lotta Continua, Potere Operaio y entre el archipiélago de organizaciones anarquistas y marxistas-leninistas. Pero el tipo de actitud frentea la cual se encontraron fue una sóla respuesta: «Es una acción que viene del interior de los grupos y el movimiento. Sabemos de quién se trata… pero visto que no ha sido reivindicada, es mejor pasarla por alto». Y las palabras se esfumaban en la incertidumbre.

En 1988, Leonardo Marino, en medio de una crisis de conciencia, se entrega a la policía, inculpándose como uno de los autores materiales del baleo. Según su declaración, el otro pistolero era Ovidio Bompressi, mientras que los “líderes” fueron Giorgio Pietrostefani y Adriano Sofri.

Luego de un proceso trancado, en 1997 se llegó a una sentencia del Tribunal Supremo. Como autores materiales fueron condenados Marino y Bompressi, mientras que como autores intelectuales fueron Pietrostefani y Sofri. Todos recibieron condenas de 22 años, excepto Marino, quien había sido liberado dos años antes. Los tiempos de liberación serían diversos. Bompressi la obtuvo en 2006 y Sofri en 2012. Por su parte, Pietrostefani sólo estuvo en prisión preventiva en 1988 y luego en 1995-1997, y en la actualidad es el único que no ha cumplido la sentencia debido a su clandestinidad.

En el tiempo del baleo contra el comisario, todos eran militantes de Lotta Continua.

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2 pensamientos en “Italia: La estrategia de la tensión

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